PORQUE SOMOS DE OSASUNA Y ESTO NUNCA A MORIR
Pasada la resaca de estos
días es hora de pensar en lo que hemos vivido esta temporada que nos ha llevado
a primera tres jornadas antes de la finalización del campeonato. Es hora de
pensar en clave de primera, en esa categoría de la que jamás debíamos haber
salido porque es donde nos merecemos estar y así lo avala la clasificación histórica
de la LFP.
Llevo a Osasuna en lo más
profundo de mi corazón. Mi aita me lo metió en vena y yo estoy haciendo lo
propio con mi hija y por eso esta temporada y más intensamente estos últimos
días, he dado rienda suelta a mis emociones más profundas.
Hay quien le gusta el
futbol, a mi me gusta Osasuna y siempre que hablo en rojillo lo hago desde el
corazón.
Osasuna es un sentimiento
vivido con intensidad y muchas veces no hay palabras para expresar lo que uno
siente y vive. Respirar Osasuna, vivir bajo la atmósfera rojilla, son
sentimientos indescriptibles.
Osasuna es sinónimo de
pertenencia y de sentir tus raíces. Cuando uno se pone la camiseta rojilla y
se enfunda su bufanda, aparca las diferencias porque el club de mis amores es
sinónimo de unión entre personas diferentes, entre mayores y pequeños, entre
personas de tendencias y creencias dispares. En el sadar no existen las
diferencias porque todos somos Osasuna.
Osasuna es cuando mi aita me
cuenta las alineaciones de su época en el difunto San Juan, cuando empezó a
llevarme al Sadar en segunda y cuando viví mi primer ascenso con aquel gol de
Randez en la Condomina (recuerdo
perfectamente ir con mis aitas y mi hermano a recibir al equipo a la Parroquia
San Francisco Javier y a la Plaza del Castillo tras aquel histórico ascenso).
Osasuna es verle a Clemente
Iriarte, a Echeve, Iriguibel y Martín, o aquellas tardes de futbol con Pepe
Trujillo al otro lado del transistor. Osasuna es ver un sadar abarrotado en la
primera participación en UEFA, con un Glasgow Rangers al que le derrotamos. Aquellas
tardes de futbol en el que los que estábamos de pie íbamos dos horas antes para
coger sitio y estaba permitido entrar al estadio con garrafones de Kalimotxo.
Osasuna es viajar con el
equipo sintiéndote orgulloso de representarlo, es ver nacer a tus hijas y que
estas tengan como su primer documento oficial, un carnet de Osasuna.
Este equipo me ha hecho
sufrir y me ha hecho dar botes de emoción. ¡Qué decir cuando un club humilde
como el nuestro se coló en una final de copa! pero ¡Qué decir también cuando un
gol en el descuento nos salvó en Sabadell de una más que posible desaparición!
Osasuna es llegar a casa y
tal y como llegas, que tu mujer adivine el resultado del partido por la cara
con la que vuelves al hogar. Es dormir relajado o es no conciliar el sueño por
el disgusto de la derrota o el descenso. Ser de Osasuna es estar pendiente de
la calculadora y de los puntos que vamos a necesitar para una agónica
salvación. Ser de Osasuna es acordarte de los golevaerage con los rivales
porque hasta ese mínimo detalle es sinónimo de tocar con los dedos la gloria.
Ser de Osasuna es defenderlo
cuando los demás se mofan de él y lo menosprecian porque somos un club humilde.
Es sentir rabia cuando observas que es solo con los éxitos y las victorias cuando
la gente se apunta al carro dándoselas de Osasunista. Ser de Osasuna es no
entender jamás y sentir rabia, cuando la gente te pregunta… Eres de Osasuna
pero… ¿del Barça o del Madrid?… como si ser de Osasuna no sería la plenitud y
lo máximo que uno puede sentir.
Esto es Osasuna, el club de
mis pasiones, el club de mi vida, el club que llevo dentro de mi corazón. Un
club que me ha enseñado a ser humilde, que me ha enseñado que el éxito está en
el trabajo diario y que a nadie se le regala nada en la vida. Ser de Osasuna me
ha hecho ser fuerte ante las dificultades y tristezas y me ha enseñado a sentir
fidelidad a mis raíces a la vez que orgullo de pertenecer a esta ciudad en la
que vivo.
Ser de Osasuna no es
sentirme superior, pero jamás inferior a nadie. Es vivir acaloradamente cada
reto, cada ascenso, cada descenso y cada permanencia. Son las múltiples
conversaciones, algunas más acaloradas que otras, en la que todos sacamos ese
entrenador que llevamos dentro.
En breve finalizará la
temporada y empezaremos a sentir ese vacío que nos dejan las vacaciones
rojillas, pero no es menos verdad que llegarán nuevas ilusiones en forma de
renovación de la tarjeta y de ver en las noticias las altas y bajas del equipo.
Llegarán esos días de playa que mientras paseas y ves a alguien con la camiseta
rojilla, acabas saludándole como si lo conocieras de toda la vida y diciéndole
“Eres del mejor equipo del mundo”.
Ser de Osasuna es hacer planes
en función de donde y cuando juegue el equipo y sentir rabia cuando el partido
en el Sadar te coincide con otro evento al que debes acudir de manera obligada.
Ser de Osasuna es ser
creyente de la religión rojilla, una fe, que al menos a mí, me empuja a
defender un modelo de club fundamentado en la gente de la casa que es la que me
contagia, transmite y me hace vibrar.
Estamos en Primera y se que
van a llegar tardes tristes y duras, pero déjenme disfrutar de estos días y de
esta temporada histórica. Trabajo en un cole y cuando estos días veo a los
chicos con las zamarras rojillas entonándome el “Somos un equipo…” se me eriza
el vello. Ahí está el futuro de nuestro equipo y viéndoles a ellos se que como
reza la canción… “… somos Osasuna y esto nunca va a morir….”
Somos de Primera y el año
que viene nos tocará sufrir, pero recordad queridos y queridas rojillos y
rojillas, que “Ser de los que ganan es muy fácil, ser
de Osasuna me parece mejor”
Gorritxo.

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